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Ser un poco egocéntrica no es sencillo...pero nos puede hacer bien

Es 14 de febrero y el mail explota de promociones por el Día de los Enamorados, las redes sociales se inundan de corazones, y los bares y restaurantes se llenan de hileras de mesas de dos. En San Valentín, el relato del amor romántico se hace omnipresente, aunque es más popular entre quienes son más jóvenes.


A mis cincuenta y pico de años, la celebración de esta fecha me hace pensar en el mandato de que estábamos incompletas si no había un otro, una pareja, algo que luego se hizo extensivo a los hijos o, para algunas, a los nietos. Siempre un otro a quien cuidar y satisfacer que nos completaba. Por eso, pienso que este San Valentín puede ser una oportunidad para nosotras, para quienes cumplimos medio siglo o más.


Nos propongo que, al pensar en el amor, hagamos dos cosas: reflexionar en los vínculos amorosos que sostenemos en esta etapa de la vida y ser más egocéntricas, por más que esta palabra asuste. Hoy nos invito a las mujeres que tenemos más de 50 años a ser más egocéntricas en el buen sentido del término. A ponernos en el centro de lo que hacemos, a conectar con nuestro deseo y relacionarnos desde ese lugar con los demás, a decir cuando no queremos algo, a articular claramente aquello que deseamos y a dar los pasos para que eso suceda.


Parece fácil de enunciar, pero no de hacerlo. ¿Por qué? Porque fuimos educadas para priorizar y satisfacer las necesidades de otros. Modeladas por el deseo y expectativas de los demás. Aprendimos a ponernos lindas “para gustar” en lugar de identificar qué es exactamente lo que nos gustaba y por qué. Aprendimos a callarnos, a acomodarnos, a ceder, a posponer y sostener. Durante muchos años nuestro hacer estuvo definido por las reacciones y sentimientos que éramos capaces de generar, por el dar más que el recibir.

Pero estamos en otro momento vital. Nuestro segundo medio siglo es una etapa en la que los hijos ya no dependen de nosotras y la pareja -si hay una- no siempre nos complementa.


También mucho tiempo se libera y muchas veces la actividad laboral es menos demandante, y podemos pensar en qué queremos de acá hacia adelante.

Nuestro segundo medio siglo es una oportunidad para priorizarnos, después de mucho tiempo de priorizar a los demás. Ponernos en el centro total y absoluto de nuestras vidas implica un re-acomodamiento de valores y actitudes, implica pensar en qué nos hace felices y en qué necesitamos ahora.



, toma trabajo, pero brinda dos grandes beneficios. Por un lado, la seguridad y alegría de sentirse completa individualmente, más allá de los demás, ejercitando todos los días la certeza de que no necesitamos otros para ser. Por el otro, hace más gratificantes los intercambios con otras personas importantes de nuestra vida porque en cada encuentro tenemos más posibilidades de relacionarnos desde lo que genuinamente queremos y somos, y desde ahí encontrarnos en un vínculo amoroso.

En el día del amor, ¡empecemos por nosotras!